Los Primeros Judíos Mesiánicos de Tierra Santa

Escrito por Marcelo M. Guimarães

Muchos piensan que el Judaísmo Mesiánico es una denominación creada

recientemente. Pocos saben que después de Yeshúa, sus discípulos fueron los

primeros judíos mesiánicos, es decir, aquellos que creyeron en Yeshúa como el

Hijo de Di-s, el Redentor de la humanidad en su primera venida a la tierra.

En el tiempo de Yeshúa no había ninguna religión cristiana. Había solamente

en Israel la religión judía, en especial el partido de los fariseos, que fueron

responsables de gran parte de la restauración del judaísmo bíblico, abriendo

escuelas, formando líderes y enseñando al pueblo los principios de la Torá

(Pentateuco) y las Haftarot (los libros de los profetas). Esto aconteció después

del año 132 a.C., cuando los judíos liderados por Judas el Macabeo,

reconquistaron el Templo durante el dominio persa y griego en aquella región

del Oriente Medio. Los romanos solo llegaron a dominar esa región después

del año 63 a.C. En verdad, la restauración de los estudios de la Torá, la forma

de culto en las sinagogas, la celebración de las fiestas bíblicas y casi toda la

liturgia que se tiene hasta los días de hoy en la comunidad judaica, vinieron de

Esdras y Nehemías, quienes no solo reconstruyeron los muros de la ciudad, el

Templo de Jerusalén, sino también los servicios litúrgicos.

En esa época, el pueblo hebreo había perdido gran parte de sus costumbres y

tradiciones al vivir 70 años en el exilio en Babilonia. En verdad, tal proceso de

distanciamiento de su llamado irrevocable como pueblo escogido tuvo su inicio

cuando el Reino de Israel fue destruido por los Asirios y las 10 tribus fueron

exiliadas alrededor del año 720 a.C.

La importancia del fariseísmo se dio a través de grandes rabinos como Hilel,

abuelo del rabino Gamaliel, con quien el apóstol Pablo (Hch. 22:3) estudió.

Ellos y otros famosos rabinos pertenecían a la escuela farisaica de aquel

tiempo. El propio Jesús, no era de la línea de los saduceos (los nobles del

Sanedrín) ni tampoco esenio como mucha gente piensa. Él era de un humilde

origen farisaico y, por eso, tenía tanta autoridad para con los líderes de los

fariseos. Yeshúa conocía a fondo los fundamentos del pensamiento de la

escuela farisaica, pues fue educado en ella. El fariseísmo era una religión de

clase popular. Ellos creían, por ejemplo, en la resurrección del alma, en la ley

oral, en los ángeles y los demonios y, tales doctrinas, los separaban de los

saduceos que no creían ni seguían esa línea de pensamiento.

Como vemos en el capítulo 3 de Juan, Nicodemo era un líder fariseo quien

reconoció a Yeshúa como otro fariseo, llamándolo maestro, es decir, Rabino.

Tal hecho jamás hubiera podido acontecer entre un fariseo y un saduceo. Pero,

Yeshúa criticaba vehementemente el fanatismo y los desvíos de algunos

líderes religiosos del fariseísmo. Sin embargo, él no iba en contra de aquel

fariseo que andaba sobre la luz y la obediencia de la Torá.

Yeshúa explicaba la Torá al pueblo a través de parábolas y cuentos, de una

manera simple y directa. Si los fariseos no hubiesen restaurado los principios

bíblicos del judaísmo, el pueblo no estaría apto para entender el mensaje de

Yeshúa y más tarde de sus apóstoles y discípulos. Esta fue, sin duda, una

grande contribución de los fariseos.

¿Entonces, a qué conclusión queremos llegar? Yeshúa no tuvo la intención de

crear una nueva religión. Él vivió como judío celoso de la ley, dando buen

testimonio de las buenas obras y de las bendiciones provenientes de la

obediencia a la Palabra de Di-s. Después de su muerte y resurrección, sus

discípulos continuaron su ministerio, principalmente predicando en las

sinagogas. Yeshúa también predicaba en las sinagogas (Lc. 4: 16, por Ej.).

Pablo hacía lo mismo tanto en Israel como fuera de él. Siempre que llegaba a

una ciudad, él llegaba a enseñar en una sinagoga. Vemos esto, por ejemplo, en

Hechos 13: 14, cuando él llegó a Antioquía de Pisidia y pasó a enseñar la Torá

y la Haftará para aquellos que estaban allí presentes. Evidentemente, entre

ellos había judíos y gentiles que seguían el judaísmo. No había separación

entre ellos. Es decir, algunos creían que Yeshúa vino y murió como Mesías de

Israel, otros no. Pero, todos eran judíos celosos de acuerdo a las enseñanzas

de la Palabra de Di-s. Encontramos otros ejemplos más, como aquel registrado

en Hechos 18: 4, donde Pablo llegando a la Sinagoga de Corinto discutía todos

los sábados y persuadía a judíos y a griegos. Esto muestra que había gentiles

también en medio de ellos, siendo que unos eran creyentes en Yeshúa y otros

no.

Los creyentes en Yeshúa, judíos y griegos eran llamados de “los nazarenos” o

también de “Netivyah” en hebreo, que significa “los del camino” (Hch. 9: 2).

Estos eran los mesiánicos de la época del primer y segundo siglo, pues creían

en el Mesías Yeshúa. La palabra Mesías, Mashiaj, en español significa

“ungido”. Cuando comenzaron a traducir las buenas nuevas de Yeshúa a la

lengua griega (con la finalidad de que este mensaje llegase a las naciones), el

término Mashiaj fue traducido para “Christós", que quiere decir lo mismo que

“Mashiaj”, es decir, el ungido (de Di-s). De allí, entonces, los términos,

mesiánico y cristiano. Pero, no había una religión cristiana o denominación

cristiana (solamente los de Antioquía los discípulos fueron llamados en lengua

griega por primera vez de cristianos – Hch. 11: 26).

Por vuelta del año 132 d.C. hubo en Israel una revolución comandada por Bar

Kojba. Tal judío era religioso y quería un Israel libre del dominio romano. Tito

ya había destruido e incendiado Jerusalén y el Templo en el año 70 d.C.

Después, en la época de la revolución de Bar Kojba, el emperador Adriano

cambió el nombre de Israel para Philistina o Palestina, como si fuese la tierra

de los filisteos y su capital, Jerusalén (Yerushalaim, Ciudad de Di-s de Paz)

para el nombre Aelia Capitolina (Capital del Sol), en homenaje al dios sol,

adorado también por los romanos.

Un hecho grave aconteció en esa época. El Rabino Akiva declaró a Bar Kojba

como si fuese el Mesías esperado por Israel. Tal hecho fue de gran conflicto

entre los creyentes mesiánicos y los no mesiánicos, pues ambos frecuentaban

las mismas sinagogas tanto dentro y fuera de Israel. En tal conflicto habían

muchas razones, pues los judíos y gentiles creyentes no podían aceptar a Bar

Kojba como Mesías verdadero, según la Palabra de Di-s. Era muy sabido que

él no podría ser el Mesías, pues no cumplió con las profecías: él no nació en

Belén, no era descendiente de la casa de David y de la tribu de Judá, no fue

criado en Nazareth, no nació de una virgen, no fue traicionado y vendido por 30

monedad de plata, no murió en un madero y tampoco resucitó. Tomando

solamente estos ejemplos de algunas de las decenas de profecías sobre el

Mesías, concluimos finalmente que Bar Kojba, en hipótesis ninguna, podría ser

el Mesías de Israel. Así los judíos mesiánicos comenzaron a dejar las

sinagogas, pues muchos líderes de las mismas creían en la falsa declaración

del Rabino Akiva. Después de esta época, los creyentes mesiánicos o

cristianos pasaron a ser perseguidos cruelmente por el régimen de Roma. Era

el tiempo en que ellos pasaron a reunirse en las catacumbas y otros

escondites. Hasta que la madre del emperador Constantino se convirtió al

mesianismo o cristianismo e influenciado por ella, Constantino no solo deja de

perseguir a los cristianos, sino que declara ahora el cristianismo (ya sin la

presencia de los judíos) como una religión oficial de todo el imperio romano,

siendo controlada por Roma a través de sus directos obispos asesores. De allí,

entonces, tuvimos el inicio del cristianismo romano, ya conforme a los primeros

Concilios (como el de Nicea en el 323 d.C.) que daba una nueva estructura al

cristianismo, sin embargo eliminando a los judíos paulatinamente de esa fe,

iniciando así un proceso radical de separación de la Iglesia de sus raíces

judías. Mas tarde, esta religión cristiana ya separada de Israel y de sus

tradiciones, costumbres y principios bíblicos judaicos, vino a denominarse

como Catolicismo Romano. No fue sino hasta la mitad del siglo XVI cuando

Martín Lutero se desliga del mando de Roma, rompiendo con varias de las

tradiciones y doctrinas, dando así inicio a la ramificación protestante. Desde

ese momento hasta hoy, tenemos una gran cantidad de ramificaciones y

denominaciones evangélicas que ya suman más de 4500 solamente en Brasil.

Si por un lado, la Iglesia salió de Roma y tomó nuevos rumbos, por otro lado se

olvidó de volver a sus orígenes. Preguntémonos ahora, ¿No sería tiempo de

que la Iglesia cristiana regrese a sus raíces bíblicas y judaicas, proclamadas y

vividas por Yeshúa y sus discípulos en el primer siglo?

Esto es lo que propone el movimiento judío mesiánico, quienes agregando a

los judíos que creen en Jesús, Yeshúa el Mesías de Israel, los cuales

continúan viviendo como judíos, como un pueblo, los cuales pertenecen a una

nación y poseyendo una tierra, la tierra Santa de Israel.

El Judaísmo Mesiánico intenta entonces, reparar un terrible error del

cristianismo histórico, cuando no solo excluyó a los judíos creyentes de su

medio, sino también los obligaba a abandonar su identidad judía para

convertirse en un cristiano gentil. Tal injusticia perdura hasta hoy en nuestros

días.

Por la Historia de la Iglesia Cristiana vemos cuantas atrocidades ella permitió

que fuesen cometidas contra el pueblo judío. Basta recordar los enunciados de

algunos concilios, de las cruzadas en la Edad Media, de la Inquisición española

y portuguesa y hasta el mismo holocausto, cuando la Iglesia calló fríamente

frente a tal genocidio.

Ahora, cuando nosotros como parte del movimiento judío-mesiánico, deseamos

reconectar a la Iglesia con sus raíces, con su origen, en los moldes de la Iglesia

del primer siglo conforme a lo vivido por Yeshúa y sus discípulos, parte del

medio cristiano y también del medio judío no es capaz de entender el propósito

divino, que Israel esta siendo proféticamente restaurado, física y

espiritualmente. Yeshúa derribó este muro de separación entre los judíos y los

gentiles creyentes, que ahora pueden ser considerados la familia de Di-s. La

Iglesia puede ser reconectada a Israel y tener sus raíces restauradas

respetando que los judíos tengan la libertad de aceptar a Yeshúa como su

Mesías y continuar viviendo como judíos, sin la necesidad de ser asimilados al

cristianismo gentil. De la misma forma, los judíos precisan colaborar para que

esta unión sea pacífica y libre, no viendo más a los cristianos como sus

enemigos de la fe, pero sí como hermanos por medio de un judío llamado

Jesús, que fueron injertados en el “olivo” que es el Israel salvo de Di-s (Ro. 11:

17). Ahora los gentiles creyentes pueden participar de la misma “savia”

(bendiciones) de la Casa de Israel, conforme a lo mencionado por Pablo en su

carta a los Romanos.

Así, los ojos de los cristianos y judíos necesitan ver el judaísmo mesiánico

como siendo un puente de unión y no de destrucción de ambos pueblos (pues

hay preservación de la identidad y de la comunidad judaica, así como también

de la unidad entre los cristianos, como acontecía en el primer siglo de nuestra

era). El judaísmo mesiánico tan antiguo renace en el momento cierto y

oportuno para traer arrepentimiento y perdón de ambos lados, tanto por parte

de los cristianos como por parte de los judíos.

El Movimiento Judío Mesiánico mundial (Hoy más de 120 congregaciones en

varios países) ha ayudado también a quitar todo tipo de antisemitismo que

todavía existe en algunos sectores cristianos, así como también ha llevado a

los judíos a reconectarse con los principios de la Torá y de la Gracia en la

creencia en un Mesías Judío que en breve volverá a la Tierra Santa de Israel.

Otra importante visión del Movimiento Judío Mesiánico es concienciar a todos

que Di-s no rechazó a su pueblo escogido y que Él les aguarda con los brazos

abiertos para que ellos asuman su llamado irrevocable (Ro. 11: 26) y para que

sean un día una luz para las naciones a través del Mesías, el primogénito y

Unigénito Hijo de Di-s, conforme lo dicho por el profeta Zacarías (12:10).

Finalmente, las sinagogas mesiánicas han contribuido para que ambos

pueblos, judíos y gentiles, sean respetados y valorizados en el sentido que

cada miembro viva conforme a su llamado de Di-s: judío como judío creyente

en el Mesías, gentil creyente como gentil (no queriéndose convertir en judío),

pero ambos siendo hermanos cumpliendo el propósito de Di-s hasta que

nuestro Mesías Yeshúa vuelva y nos contemple con la total restauración (Hch.

3: 21) de todas las cosas, concretizando para siempre el Reino de Di-s.

Si la Biblia nos dice que en Yeshúa todos los pueblos pueden ser una sola

familia, ¿sería una utopía creer en esto? Si hace dos mil años esto fue el inicio

de una realidad que marcó el tiempo antes y después de Cristo, ¿no se

consumaría el final de esa realidad cuando se aproxima la venida del Mesías y

de su Reino?

“…Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros los Gentiles… estabais sin

Cristo, alejados de la comunidad de Israel, y extranjeros a los pactos de la

promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Mas ahora en Cristo Jesús,

vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la

sangre de Cristo. Porque él (Yeshúa) es nuestra paz, que de ambos (judíos y

gentiles) hizo uno, DERRIBANDO LA PARED INTERMEDIA DE

SEPARACIÓN; Dirimiendo en su carne las enemistades, la ley de los

mandamientos en orden á ritos, para edificar en sí mismo los dos en un nuevo

hombre, haciendo la paz, Y reconciliar por la cruz con Di-s a ambos en un

mismo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino, y anunció la paz a

vosotros que estabais lejos, y á los que estaban cerca: Que por él los unos y

los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois

extranjeros ni advenedizos, sino juntamente ciudadanos con los santos, y

FAMILIA de Di-s; Edificados sobre el fundamento de los apóstoles (Nuevo

Testamento) y profetas (Antiguo Testamento), siendo la principal piedra del

ángulo Jesucristo mismo; En el cual, compaginado todo el edificio (judíos y

gentiles creyentes), va creciendo para ser un templo santo en el Señor…”

(Efesios 2: 11 – 22).